GABRIELA: SU VOCACIÓN INDIGENISTA Y AMERICANA

 

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MARIO MORA ARTEAGA*

 

 

“…Volcán Osorno, el fuego es bueno
y lo llevamos como tú mismo
el fuego de la tierra india
al nacer, lo recibimos.

Guarda las viejas regiones,
Salva a tu santo gentío
Vela indicada de leñadores
Guía chilotes que son marinos…”

 

No cabe duda, que todo estudio serio sobre GABRIELA MISTRAL; su obra y su personalidad, debe reconocer su profunda vocación indigenista y americana. Su poesía y muy especialmente su prosa – que es también poesía – está impregnada de amor a la raza indígena chilena y americana. Es, se podría decir, reivindicativa de ella.

Reconocía en sí, un 50% de sangre indígena, al decir de su entrañable amiga argentina, VICTORIA OCAMPO.

Soy INDIA – decía a Ciro Alegría – tratando por afecto y tendencia a identificarse del  todo con la raza nativa. Y agrega sonriendo con una sonrisa que a veces es flor de piadosa ironía  “Pero a mucha gente no le gusta que lo diga…” (Biografía Emotiva, Efraín Szmulewicz, Ed. Rumbos. Santiago de Chile, 1988, Sexta Edición)

El autor de “El mundo es Ancho y Ajeno”, “Los Perros Hambrientos”, “La Serpiente de Oro”, fue testigo permanente de la condición de Gabriela que analizamos…

Cuenta: “Sobre las discusiones que la poetisa tuvo en algunas ocasiones con don Miguel de Unamuno, sobre el tema de los indios”. Por otra parte, interrogaba a Alegría, sobre los indios peruanos, cuyo drama no ignoraba:

“Ellos – le respondía éste – han logrado mantenerse por cinco siglos de agresiones ideológicas y físicas y este solo hecho, es signo de su indestructibilidad”. Gabriela escuchaba con visible satisfacción.

 

EL INDIO EN LA POESÍA DE GABRIELA

Muchos son los poemas de la insigne Premio Nobel de Literatura, año 1945, que nos hablan de su vocación indigenista y americana. Recordemos algunos versos al respecto:
“En el campo de Mitla, un día
de cigarras, de sol, de marcha.
Me doblé a un pozo, y vino un indio
 a sostenerme sobre el agua…”

 

 

                                   Un indio tiende la mano a Gabriela en los momentos de sed, de calor, de cansancio. Con su fuerza, la sostiene sobre las aguas.

“Recuerdo gestos de criaturas
y eran gestos de darme agua”.

(TODO ESTO EN EL POEMA: “BEBER”)

                                   ¿Qué criaturas son estas, que tienen gestos de darle agua? No es lógico pensar que son los ancestros indígenas de su mitad justa de india.

                                   En el hermoso poema “EL MAIZ”, escrito en México:

“Braceo en la oleada
como el que nada siempre
a puñados recojo
las pechugas huyentes
riendo risa india
que mofa y que consiente…”

                                   La alegría de Gabriela la manifiesta con risa india. Con esa risa “que mofa y que consiente”.

                                   Este poema está impregnado de alusiones al indio, tanto en contenido, cuanto en lenguaje.

                                   Pero, para que continuar en el análisis de poemas aislados, que son muchos. Consignemos mejor, parte del prólogo de Jaime Quezada, al libro “POEMA DE CHILE”, (póstumo), editado por SEIX BARRAL, en marzo de 1985. Nos dice:

 

                                   “… Y no sólo lo bellamente geográfico del país es lo que importa. Gabriela Mistral, en muchos de sus versos deja su motivadora preocupación social por el problema indigenista. Ella que vivió sus años en la Araucanía – esa maravillosa zona de rebeldía, como la llama – deja su solidaridad con la brava-gente en su  poema ARAUCANOS”:

 

“Ellos eran dueños de bosques y montañas
hasta el llegar de unos dueños
de rifles y caballadas…
Pero son la Vieja Patria
El primer vagido nuestro
Y nuestra primera palabra”.

                                   “La presencia humana, activa y dialogante de “POEMA DE CHILE, está en GABRIELA MISTRAL misma que se hace acompañar de un niño atacameño en sus andanzas patrias, otorgando a lo poético-geográfico un enlace convesacional y vivificador. Mi MAMA, llama el niño a la poetisa en su recorrer territorio. Y ésta, a la vez le dice familiarmente mi chiquito, indito, tontito mío, indito cara taimada. En este acompañarse mutuamente – las rutas sin compañero parecen largo bostezo – GABRIELA MISTRAL  va explicando, sin afanes didácticos ni pedagógicos, el real maravillamiento de la patria geográfica”:

“Vamos caminando juntos
así, en hermanos de cuento
tú echando sombras de niño
yo apenas sombra de helecho”

 

                                   Así, de la mano de un niño indio “indito de cara taimada”, vamos recorriendo la geografía de Chile, con GABRIELA MISTRAL, en “POEMA DE CHILE”, reivindicando al indio y su linaje. Recordando nombres y lugares. Haciendo poesía de los ancestros dueños de nuestra primera palabra.

 

EN LA PROSA

                                   Al leer su prosa breve “EL TIPO DEL INDIO AMERICANO”, escrita en 1932, encontramos sin duda, la fuerza de su amor e identificación con el indio. Nos enseña a apreciar la belleza física, equivocadamente evaluada y que da origen a la vergüenza de declararnos lealmente mestizos:

                                   “Una de las razones que dicta la repugnancia criolla a confesar el indio en nuestra sangre, es la llamada “fealdad del indio”. Se le tiene como verdad sin vuelta, se ha aceptado como tres y dos son cinco”.

 

                                   Al leer el trabajo mencionado, se comprueba que esta condición de fealdad, es más producto del perjuicio y de una manera errada de evaluar la belleza  de las diversas razas, tomando como patrón a una determinada (generalmente la caucásica).

                                   Se refiere al falso tipo de FIDIAS, quien caprichosamente cogió unos cuantos rasgos ideales para en un puro intento de escultura de los Dioses y proyecto de la configuración del rostro humano, pasar a ser, por la vanidad de la raza blanca, el verídico hombre Europeo.

 

                        Nos dice:

                                   “Pienso en el resultado probable del método si aplicásemos la magna receta a nuestras razas aborígenes. El escultor de buena voluntad, reuniendo no más de cien ejemplares indios, podría sacar las facciones y las cualidades que se van a enumerar grosso modo.

                                   El indio piel roja nos prestaría su gran talla, su cuerpo magníficamente lanzado de rey cazador o de rey soldado sin ningún atolladero de grasa en el vientre ni espaldas, musculado dentro de una gran esbeltez del pié a la frente. Los mayas proporcionarían su cráneo extraño, no hallado en otra parte. El indio quechua, sus ojos dulces por excelencia, salidos de una raza cuya historia, de mil años da más regusto de leche que de sangre…Etc., etc.….”

                                   Y finaliza: “Hemos querido proporcionar a los maestros de nuestros niños estos detalles rápidos para que intenten y para que logren arrancarles a éstos la vergüenza de su tipo mestizo, que consiente o inconscientemente les han dado. Pero este alegato por el cuerpo indio va a continuar otro día, porque es cosa larga de decir y asunto de más interés del que le damos”.

                                   Múltiples son las prosas, relativas a su defensa al indio y a la tierra Americana. No es, desde luego del caso, repetirlas aquí. Sólo señalaremos algunas, para quienes tengan el interés de profundizar en la materia.

  1. ALGUNOS ELEMENTOS DEL FLOCKLORE DE CHILE, Charla dictada en 1938 en  Montevideo.
  2. CHILE, LECTURA PARA MUJERES, México, 1924.
  3. EL TIPO DEL INDIO AMERICANO, 1932
  4. SENTIDO DEL 12 DE OCTUBRE, Charla en Nueva York, 1930.
  5. LENGUA ESPAÑOLA Y DIALECTOS INDIGENAS EN LA AMERICA, julio de 1930.
  6. RUTAS CONTINENTALES, San Juan de Puerto Rico, 1931.
  7. SILUETA DE LA INDIA MEXICANA, 1923.
  8. ALGO SOBRE EL ECUADOR, 1929

 

Para qué más. Son muchos, muchos los trabajos en tal sentido. Hoy hemos querido destacarlo como algo de lo que se ha conversado poco con respecto a la obra de la insigne GABRIELA MISTRAL. Creemos que es bueno hacerlo. No con un espíritu chauvinista. Si no porque a través del mundo y especialmente en nuestra América, aún hay pueblos y razas que esperan reivindicación. Vendrán muchas Gabrielas. Muchos poetas. Uniremos nuestras manos y haremos la fuerza. Porque a ellos nunca llegó la influencia cultural de la Madre Patria. No supieron eso. ¿Se los negaron? Les cerraron las puertas. O ellos prefirieron aislarse.

El tiempo lo dirá. Nosotros, seguramente no alcanzaremos a verlo. Gabriela. Desde tu altura ruega por los ancestros olvidados, hasta la hora de la muerte. Amén.

 

G A B R I E L A

 

(América y el indio te lloran para siempre)
                                                                                              MARIO MORA, 1989.

 

Señora que caminas en el aire
Y rompes con tu canto la miseria.
Madrina de los niños de la tierra
Enfermera del alma tierna y buena.

Señora que entregaste tu mensaje
En el límpido verso florecido;
Tu corona de espinas, la caricia
Tu soledad de Chile, dulce llanto.

Vino el eco del norte sol y arena
Aguacero en el sur verde y austral
Y en el alma del niño, remolino.

De pronto se apagaron las estrofas
Calló la voz del indio sollozando:
En el centro de América, una lágrima.

 

 

1
* Mario Mora Arteaga: Poeta, nació en Talca el 28 de enero de 1940 Funcionario de la   Administración del Estado de larga trayectoria, armonizó admirablemente su vocación de servidor público y su pasión por las letras. Maestro Masón en la R:.L:. Pedro Lagos Marchant del Valle de Chillán y R:.L:. Juan Antonio Ríos de Concepción. Publicó cinco libros: “Pequeñas Voces”, 1985; “Voces”, 1987; “De Luces y Distancias”, 1989; “Poemas del otro lado del mar”, escrito en Europa y publicado en Chile en 1991; “Poesía en Barda Sur”, 1994. En forma póstuma, su esposa e hijas publican en 1997, “Versos en el Atardecer”.

En el año 1989, participó, invitado por la Asociación PROMETEO, en la II Bienal Internacional de la Poesía en Madrid, junto a más de un centenar de escritores hispanoamericanos. Expone allí su ponencia “GABRIELA: SU VOCACIÓN INDIGENISTA Y AMERICANA” y presenta, en la Biblioteca Nacional de la capital española, su libro “de Luces y Distancias”.

                                   Fallece en la ciudad de Concepción, en 18 de julio de 1995, a la edad de 55 años.

 
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