Emilio Torres
Sociólogo Universidad de Chile
Profesor de la Escuela de Sociología de la Universidad La República
“La mujer se ha reinventado”
Por Elena Donoso
Y Marcela Muñoz F.
En las últimas décadas se ha visto una lenta, pero progresiva incorporación de la mujer al espacio público. Emilio Torres, Sociólogo Universidad de Chile, Director de la Escuela de Sociología de la Universidad La República, comenta su particular visión de los movimientos de mujeres en la sociedad chilena y su lucha por conseguir el reconocimiento de sus derechos y la igualdad de oportunidades frente al rol del hombre
¿Cómo la sociedad ha enfrentado la lucha de la mujer buscando la igualdad o el reconocimiento de sus derechos?
Cuando hablamos de luchas, hablamos de reivindicación de derechos, yo diría que en Chile, no se ha dado ese fenómeno, como en otros países, donde hay movimientos organizados, vinculados a partidos políticos y que han levantado sus banderas con proyectos muy concretos. En Chile, no veo tan institucionalizado el movimiento feminista, más bien han sido corrientes de opinión, movilizaciones dispersas de diversas organizaciones, esto no quiere decir que no ha habido una fuerza a nivel de la sociedad, de intentar cambiar las situaciones arcaicas e injustas, pero no se ha traducido en grupos de presión, o movimientos organizados. Es cierto que hay algunas ONGs, pero no tienen la visibilidad ni el impacto que ha tenido en otros países de Europa.
¿Cuál es el origen de esos movimientos en Chile?
Hubo un movimiento feminista que tuvo algunos logros y el voto tal vez fue la cosa mas estructurada, pero no he visto movimientos feministas llevando el debate o la discusión o movilizándose en la discusión de los temas actuales, como la píldora del día después. Este tema ha sido mucho más subterráneo, más disperso en distintas organizaciones, en el mundo del trabajo, en la familia, de tal manera que ha habido más bien un cambio cultural subterráneo, que liderazgos notorios. La misma Bachellet no lidero nunca un movimiento feminista, sin embargo había una reacción cultural del país que hizo posible que una mujer fuera presidenta y eso no es menor en relación a una serie de otro cambios potentes en Chile, pero, no ligados a una lucha feminista.
¿Será un replanteamiento el feminismo?
La sociedad hay que entenderla como un sistema altamente complejo y nunca reacciona como un todo, evidentemente han existido áreas, instituciones o partes de la sociedad con una predisposición más abierta a estos cambios, en el ámbito político ha habido un debate bastante más abierto que en el ámbito religioso o educativo. También dentro de las subculturas juveniles distintas al mundo más adulto, y los medios de comunicación, por el peso que tienen en la opinión publica, algunos con posturas más abiertas al cambio, otros de manera más conservadora o crítica respecto a manifestaciones de la mujer. No ha sido pareja la reacción, sin embargo hay un avance sustantivo en los últimos veinte años respecto de lo que es el rol de la mujer, lo que es la apertura de nuevos espacios. Más que un cambio en la cultura creo que ha sido un cambio en la mujer, no fue primero la transformación cultural, sino que las mujeres cambiaron y después vinieron algunos ajustes culturales, la mujer ha tomado espacios, por la acción.
¿Y por qué ahora ha cambiado la mujer?
Tiene múltiples causas complejas, son temas socioeconómicos, demográficos, entre otros. Las transformaciones económicas, del trabajo, las nuevas exigencias culturales de la sociedad contemporánea fueron poniendo escenarios que hicieron obsoletos los roles tradicionales. Tiene una larga historia hacia atrás, en un momento dado, el cambio se manifiesta más rápido y creo que en los últimos veinte años, las mujeres, no esperaron a que hubiese una tolerancia cultural sino que actuaron, se ganaron un espacio en la acción, en lo cotidiano por tanto, la sociedad más bien ha ido reaccionando con sorpresa y ajustándose a algo que ya está ocurriendo. Esto quiere decir que la mujer ya había tomado roles parentales, había asumido su sexualidad hace mucho rato, ya tenía expectativas y se estaba replanteando frente a las parejas, y los hijos. Quiero decir que ha sido reactivo. En la generación de las últimas dos décadas encontramos los cambios más dramáticos, es decir, la generación de los cuarenta es la que mas hizo en la práctica y transformó su forma de actuar, incluso sin mucha validez y eso generó muchos problemas culturales y contradicción interna.
¿Cómo vive los nuevos roles la mujer en este proceso?
Cambiaron profundamente en los últimos veinte años, la mujer ha ido ampliando sus exigencias y las expectativas que sobre ella recaían, producto de las transformaciones económicas, las exigencias laborales, cuestión que no era así hasta finales de los 80 y principios de los 90 que se entendía en el mundo del trabajo, exigencias diferenciales. Ya que había una cierta comprensión a los roles maternos a pesar de que hacía tiempo que estaban incorporadas al mundo del trabajo, del estudio, etc. se debía hacer ciertas concesiones, se entendía además que como ganaban menos y como no eran en ningún momento una amenaza a los liderazgos, era cosa de mirar la televisión para darse cuenta que la mujer se la trataba como una especie de comparsa, en los liderazgos masculinos, pero, ya en los noventa, está claro que las mujeres comenzaron a ganar liderazgos; entonces se equiparan las exigencias en el mundo del trabajo, incluso en los estudios, al tomar roles de mayor responsabilidad, al ir incorporándose a la política, a cargos de confianza y liderazgo en el mundo del trabajo. Ya no hay consideraciones, por ser mujer, las exigencias se equipararon. Pero a su vez esas exigencias ha tenido que compatibilizarlas con los roles tradicionales, particularmente en países como el nuestro, que mantiene aún esta exigencia, por efectos de la cultura, exigencia en el ámbito de la familia, en el cuidado de los hijos, del marido, etc. La exigencia tradicional se mantiene, pero, produjeron algunos cambios estratégicos, en los últimos años, en algunos segmentos femeninos se ha replanteado esa situación para que sea más igualitaria la vinculación con los hombres, es decir, que el marido se comprometa a entrar al ámbito doméstico, llevar a los hijos al colegio, cocinar, hacer las compras, etc. hoy las exigencias provenientes del mundo del trabajo hacen incompatible que sea la mujer la que lleve toda la carga del mundo doméstico, de manera que se formaliza y se ordena un asunto que antes se hacia con un esfuerzo adicional de la mujer.
Hubo movimientos dirigidos hacia un cierto objetivo y ahora están disgregados. En chile no vivimos un feminismo tan organizado, pero, pensando a nivel mundial, este feminismo que llevó a conseguir el voto femenino ¿se tiene que replantear?, ¿se quedó sin bandera de lucha o aún queda mucho camino?
Hay varias cosas, un problema es saber que pasa cuando una organización cumple sus objetivos o se cree que muchos de estos se han ido cumpliendo. La igualdad legal, que llegó tarde, pero llegó, antes no había igualdad desde el punto de vista del código civil respecto del adulterio, el tema de la legalidad respecto a los hijos, el tema de la autonomía para tomar decisiones económicas y dejar de ser una especie de apéndice del marido, etc.
En cuanto a las organizaciones que tenían estas banderas, efectivamente es un problema, ya que o te transformas o mueres, pero además, esta la tendencia de la crisis de participación de todos los movimientos, partiendo de los partidos políticos. Vivimos en una época (ochenta y noventa) de crisis de las representaciones. No me parece extraño que haya decaído en militancia, en actividades organizadas, etc. Porque eso ha ocurrido con todas las organizaciones, hay un clima no favorable a la participación colectiva y movimientos sociales (post modernidad, neoliberalismo, individualización al momento de resolver problemas que eran colectivos) se ha instalado en la cultura el convencimiento de que muchos problemas colectivos se deben resolver individualmente, y el fracaso lo debes asumir tú. Es decir, si no lograste fama, poder o situación económica, es culpa tuya y si no lograste derechos es lo mismo, o sea, hay una individualización a muchos problemas que antiguamente se entendían como problemas de Estado o públicos cuando eran de luchas políticas. Este clima ha desfavorecido movimientos sociales, incluido los movimientos feministas.
En este panorama es complejo saber ver hacia donde debieran marchar las nuevas reivindicaciones o si es válido hablar de un feminismo, tal cual era planteado en sus comienzos. Mi intuición, es que no se puede plantear como una situación puramente reivindicativa, creo que la mujer ya se ganó el espacio, el problema hoy, es como incorporar al hombre en esta tarea, ya que muchos de estos movimientos feministas trataron confrontacionalmente el asunto. Pero, estamos en una situación donde el futuro inmediato nos plantea que la confrontación o las reivindicaciones no bastan para resolver el problema. Veo un paradigma integrativo porque creo que los problemas que hoy día tiene la familia, los hijos, la pareja, no se pueden resolver bien en esos términos. Esta posición que sirvió mucho y fue útil, para reivindicar ciertas situaciones injustas mantenidas contra las mujeres, pero no creo que sea la respuesta al escenario de hoy. La respuesta es la integración, ya que la masculinidad está desarticulada, por esto el camino no debiera ser la confrontación hacia esta masculinidad desarmada.
¿Es necesario que el hombre se replantee? y ¿Cómo se tendría que rehacer la masculinidad?
Estamos frente a una masculinidad desarmada que ya no tiene puntos de apoyo firme. La sociedad dejó de ser patriarcal o está dejando de serlo a pasos agigantados, básicamente porque la sociedad transformó sus normas y eso nos esta afectando creo que estamos viviendo un fenómeno que ha ocurrido en muchos momentos de la historia, en donde una generación decide rápidamente construir un mundo social distinto, como es el caso de la mujer que a través de la acción ha tomado espacios, inventando roles, más que reproducir estructuras de roles o normas.
Los hombres siguieron reproduciendo y de repente nos dimos cuenta que estábamos haciendo cosas que no tienen ningún sentido, es decir, con expectativas, de una mujer que ya no existía, de una familia que ya no lo era, expectativas de normas que la mujer no esta ni ahí con cumplirlas, con imágenes de sexualidad que tampoco operan en la práctica, como la imagen de “autoridad paterna”.
El hombre, al revés, se quedó en un modelo que ya no da ninguna explicación, que ya no se ajusta a la situación actual, frente a una generación de mujeres que crearon modelos nuevos, que en vez reproducir, produjeron, algo que se está articulando, entonces ahí se desarma la masculinidad y está desarticulada y falta aún que se desarticule más, se están ensayando modelos, tales como la salida del closet del mundo gay, de modelos bisexuales, de modelos de padres que no parecen ser padres sino más bien parecen ensayos de amigos con los hijos, hay manifestaciones desordenadas, no articuladas ni legitimadas tampoco, no están institucionalizadas, no son parte de un rol. Entonces es un momento muy complicado para el hombre porque no sabe muy bien como socializarse. La generación actual de los hombres no sabe para donde cambiar, se da cuenta, sin embargo, que el rol que tenía y le enseñaron no sirve. Creo que tiene mucho miedo de fallar y los jóvenes están bastante perdidos, no me extraña para nada muchas reacciones juveniles de hoy donde la figura paterna era necesaria y ciertas orientaciones también necesarias, incluso para romperlas después, para revelarse contra alguien, desde un punto de vista sicoanalítico como te revelas frente a la figura paterna, real y cultural si está desarticulada. Por último se necesita un padre fuerte para revelarte pero ese modelo está desarmado, entonces el padre está más perdido que el hijo y se nota mucho en los jóvenes hombres versus las niñas.
¿Podríamos estar frente al inició de un matriarcado formal?
En Chile, creo que ha habido un matriarcado encubierto, asumiendo que estamos en una sociedad machista, por una habilidad especial de la mujer chilena de manejar al hombre, de tomar decisiones sin que se diera cuenta y manejar una enorme cantidad de cosas. Creo que justamente fue esa habilidad la que llevó a que ese avance fuera más rápido y no a la par con el hombre, así que eso ha estado. Si se podría profundizar perfectamente, hacerse más público, asumirse más, es decir un rol de mujer que se haga cargo más públicamente, formalizarlo sobre todo en áreas que eran tradicionalmente patriarcales y machistas, como la economía y la política, creo que es ahí donde más se va a notar esta tensión, ya que los hombres no van a delegar fácilmente funciones y la transición no va a ser fácil. Creo que muchos gerentes, no se quedarán tranquilos mientras las mujeres están dominando en muchas áreas, aquí habrá confrontación, sobre todo en estas áreas. En el ámbito de la familia ya tenía una cierta posición sin duda lo más complicado va a ser en el mundo político y económico. Los hombres, no creo que se conformen, teniendo presidentas en los partidos políticos.
La actual Presidenta como ícono de la mujer actual es independiente, no tradicional en cuanto a su vida en pareja, rompe los esquemas en un país Latinoamericano, bastión del machismo, ¿cómo definiría la reacción de los hombres al momento del cambio de mando, con expresiones tales como “ahora nos mandan las mujeres”?
No queda más que aceptar, no se puede negar algo que está ahí, algo que se reconocía siempre en los chistes. Esto va de la mano con que en Chile la movilización femenina era muy subterránea, pero fue tremenda porque, al final nadie se sorprende demasiado que haya sido justamente esta mujer separada con hijos de dos o tres parejas, es decir algo que oficialmente nunca se había reconocido. Sin embargo, es algo que esta ocurriendo en Chile hace más de veinte o treinta años que tenemos hogares manejados por mujeres. La separación, es una cuestión que se da hace ya muchos años. Definitivamente el feminismo en chile, no tuvo el comportamiento confrontacional o reivindicativo formal, sino que tomo la forma de un movimiento subterráneo que no había querido ser reconocido oficialmente y que se manifiesta con mucha claridad. Pero eso es típico también de nuestra manera de ser, de nuestro doble estándar, del doble discurso chileno. No estoy tan seguro que ese “macabeismo” sea tan resignado, se podría tratar de un doble discurso, pero, creo que habrán algunas patadas bajo la mesa, no solo con la presidenta, sino que también va a ocurrir en el mundo del trabajo y la política, puesto que esas son las arenas donde queda más por conquistar y donde más que un rol, hay posiciones de Estado, ahí la cosa va a ser un poquito más dura.
¿Algo más que agregar en la reflexión sobre el tema?
Quisiera agregar algo acerca de cómo ha afectado a la mujer emocionalmente. Podríamos decir que la mujer tendría que estar muy conforme con todo esto, creo que hay una insatisfacción general. Existe tal vez un sentimiento de logro en el caso chileno que también lo veo en otras partes, esto es de dignidad, de ir reconociendo, en el mundo del trabajo, poblacional, las dirigentes, el hecho mismo del logro político, eso va a continuar y seguirá alimentando este sentimiento, esta necesidad de haber igualado. Pero creo que esos sentimientos de dignidad, de esa mujer que se está reinventando hoy día no ha logrado, finalmente, una satisfacción con lo que es el ser femenino más profundo, ahí se nota una cierta tensión de algo que se esta redefiniendo porque no está completamente reinventado. El lado masculino está desarticulado. Noto una cuestión más profunda, más de psicología social, hay un problema saber cuál es la identidad porque si esta va a ser igualar al hombre en todo, va a seguir quedando un problema, puesto que antes estaba muy clara la identidad sobre todo en los modelos latinoamericanos en esta especie de madre virgen, pero cuando eso se desarma y te reinventas en otra cosa hay que saber cual es la identidad. Es saber si ser igual de elitista, igual de competitiva o autoritaria en algunos casos, y si no es todo esto, cuál es la identidad, como compatibilizar de manera adecuada este cóctel de eficiencia, de ternura, de femineidad. Ahí hay un desafío: En qué se va a transformar el hombre que quedó sin lugar y sin identidad también, puesto que la mujer ya tiene un paso adelantado, ya cambió, el hombre que no está yendo a ningún lado. Ahí tendríamos entonces un problema más profundo, más psicosocial. |