El Sufragio Femenino: Antecedentes Históricos
“Estoy convencida de que la emancipación de la mujer y la conquista de cada una de sus reivindicaciones, sólo pueden ser obra de la lucha tenaz de las mismas mujeres y de sus organizaciones”
Por Elena Donoso C.
Corría el siglo XX y uno de los aspectos más destacables de la historia de la mujer chilena corresponde a la llamada “Emancipación Femenina”, durante esos años el hablar de emancipación era como hablar de algo que parecía obsceno, a veces fue confundido con libertinaje, lo que valió una serie de ataques por parte del sector conservador del país, pero que en la realidad solo correspondía a un proceso del progresivo, pero rápido ingreso de la mujer al mundo laboral, cultural, educacional y una participación cada vez mas en alza en las decisiones políticas; y una importante superación en su rol tradicional en el mundo hogareño, pues la mujer del siglo XX estuvo muy relegada y vulnerada en torno a sus derechos.
En 1865 algunas mujeres católicas fundaron una publicación de carácter semanal denominado “ El eco de las señoras de Santiago”, entre el 13 de julio y el 7 de octubre de 1865 aparecieron 12 números, otras mujeres abocaron sus voces para apoyar los derechos de los no católicos y en 1877 crearon la publicación semanal denominada “La mujer”, cuyo objetivo era promover la enseñanza de la mujer y su igualdad legal y civil con los hombres, las mujeres de “ El eco” tenían una actitud mas ambigua frente al tema del sufragio de la mujer.
Corría el año1877 y la mujer ve como abre una puerta a la ardua lucha que seguirá luego, pues se dicta el famoso decreto Amunátegui, que otorgo a la mujer el derecho a ingresar a la universidad, hecho que en la práctica por una cuestión de hábitos y de costumbre siguió reservado mayoritariamente a los varones, las mujeres de escasos recursos difícilmente tuvieron acceso a ella y bien es sabido que con suerte lograban terminar la educación primaria, a estas solo les restaba la obtención de la cultura por vía oral; aunque Chile aparece como uno de los pioneros en cuanto a la formación de mujeres profesionales y así en 1877 se titulan de médicos: Eloísa Díaz Insunza y Ernesta Pérez Barahona, las cuales para esos años y dentro de una sociedad no acostumbrada a los cambios radicales, este hecho fue mirado de un modo negativo.
En 1855, se funda el Liceo de niñas N° 1 de Sgto., en 1854 se crean escuelas normales de mujeres y desde 1888 las escuelas técnicas, por lo tanto la instrucción y la cultura abren sus puertas para que la mujer logre legalizar su ingreso a la vida política y electoral, pues fue así como demostró sus capacidades y se debate en el ámbito mundial la situación de esta ante la ley y así el que las mujeres fueran profesionales o que trabajasen se fue tornando cada vez mas normal.
En 1920, se señala: “Una de las cuestiones que más preocupan es darle emancipación económica a la mujer. Las demás prerrogativas que ella pretende obtener, de nada sirven mientras no se reformen esos anticuados artículos del Código Civil que le nieguen la patria potestad y la libre administración de sus bienes…..” . , en este pequeño trozo en que afirma el presidente electo Arturo Alessandri Palma, denota que la búsqueda de igualdad de la mujer para con el hombre no estuvo basada siempre en ele ámbito de obtener el derecho a voto, sino que muchos otros derechos, o solo existía una desigualdad política sino que también de los medios de instruirse, visto como un modo de levantar el nivel moral e intelectual de las personas.
Esto ocurría, mientras hoy nuestra Constitución declara que en Chile no existe grupo privilegiado y que todos somos iguales ante la ley, y así podemos ver como esta igualad se logro con el trabajo de muchas mujeres y algunos hombres mas visionarios, este ideal de igualdad que se anhelaba por la época en partes del mundo, claro que con resultados mas tempranos en unos que en otros, los cuales no discriminaron por nivel social, ingresos económicos, todas las mujeres fueron invitadas a participar en la lucha de lo que siempre fue de ellas.
El sufragio Femenino en Chile
El señor Abdón Cifuentes Espinoza (1836-1928), político del partido conservador, abogado y redactor de EL BIEN PÚBLICO y de EL INDEPENDIENTE, señalaba que el concederle el voto a la mujer fortalecería la democracia y especialmente al partido.
Alrededor del año1865 pronunciaba un discurso sobre el derecho electoral de la mujer, en el cual defendía la aptitud de la mujer para sufragar, pues él no entendía como está que poseía iguales capacidades intelectuales que el hombre carecían de este derecho, que mas que un derecho, era la expresión, la voz de la mujer chilena.
Indicaba Abdón Cifuentes que para poseer el ejercicio de tal derecho solo bastaba “tener inteligencia para conocer la verdad y el bien, tener voluntad para quererlos, libertad para ejecutarlos .
A pesar de la lucha seguida por el señor Cifuentes , sus argumentaciones no bastaron para que la mujer consiguiera el derecho a votar, luego seguirá sus pasos Luis Undurraga García Huidobro, diputado conservador quien planteara la problemática en un discurso sobre el proyecto de ley de tal materia en 1917 ante la cámara de diputados en la que señala “ los americanos comprendieron, antes que ninguna otra parte que solamente la costumbre había mantenido alejada i sin derecho a sufragio a la mujer”.
Más adelante el mismo Undurraga dirá: “ el año 1848, año revolucionario para el mundo europeo, que vio modelar en los Estados Centrales nuevas Constituciones con parlamentos, a pedido del pueblo, en Estados Unidos, que todo esto tenía, tuvo lugar la primera convención feminista en el Estado de Nueva York, en el SENECA FALLS. Esta asamblea adoptó una declaración con el siguiente preámbulo: “ Todos los hombres i todas las mujeres han sido creados iguales, i la historia de la humanidad es la historia de una serie de injusticias y de usurpaciones, que los hombres han hecho a las mujeres, con la intención determinada de someterlas a una absoluta tiranía”, en esta cita de la convención nos queda muy claro las injusticias que ha sufrido la mujer relegada por la historia, mas allá de sus capacidades, en que esta se ha sometido a gobiernos en que nos es fácil dudar de su carácter democrático, pues si bien se habla de tiranía y quizás es un tanto drástico el termino, no hay duda que fue un atropello a la igualdad de derechos.
Tan fructífero resulto el trabajo del señor Undurraga que llegó a elaborar un proyecto para la cámara de diputados, tomando en consideración los artículos 16 y 22 de la Constitución, los cuales se referían a la población total del país necesaria para la elección de representantes en el congreso y el artículo 54 en el cual se fijaba el número de electores para llevar a cabo las elecciones presidenciales.
En el censo de 1907, la población chilena era de 3.249.279 habitantes, de los cuales 1.625.058 eran mujeres, es decir más de la mitad de la población. Además el artículo 7 de la Constitución hablaba de ciudadano en sentido genérico, sin especificar sexo, fue justamente esta interpretación de la ley la que motivo a algunas mujeres de San Felipe a inscribirse en los registros electorales, en 1875.
Otro de los periódicos de la época “ El estandarte Católico”, II, 406 del 16 de noviembre de 1875, página 1, se reproduce el razonamiento de la junta calificadora de San Felipe al decidirse por 4 votos contra 1, a inscribirse a Domitila Silva y Lepe, pero la junta advertirá que solo se le daba porque no caía en ninguna de las categorías a las que se les prohibiera tal derecho, ( solo bastaba ser chileno y saber leer y escribir ) , “ así la junta concluía que la ley garantizaba a la mujer los mismos derechos políticos que a los hombres”; pero no solo fue esta mujer la que logró la inscripción en los registros electorales, algunas mas de estas fueron: Leonor González, Bernabé Olivares Bruna, Leonor Ávila Fonseca, Francisca Cabrera Canto, entre otras, todas basándose en la Constitución de 1833 en que se concebía el sufragio amplio, es decir a todos los chilenos, entendiéndose esto como hombres y mujeres, pero a pesar de que el argumento era a través de la interpretación absolutamente sostenible se consideraba socialmente inconveniente que la mujer comenzara a tener tal participación en el mundo político, muchos congresales protestaron asegurando que las mujeres no tenían derecho a voto, pero así como existían detractores también había gente a favor, así fue el caso del Ministro del Interior de la época el señor Ignacio Zenteno, quien sostuvo: “que a su juicio las mujeres podían y debían votar, porque la Constitución y la ley de 1874 les daba ese derecho”.
Las mujeres católicas de clase alta fueron las primeras en tomar la iniciativa de inscribirse logrando algunas de ellas votar en las elecciones municipales y parlamentarias, amparándose en la ley electoral de 1874, la cual ampliaba el voto a todos los chilenos en el sentido genérico y que supieran leer y escribir. Pero el entusiasmo de las mujeres que se inscribieron se vio truncado con la reforma electoral de 1884 en la que se establecía que la mujer, al igual que los dementes, sirvientes domésticos, procesados por crímenes o delitos que merezcan pena aflictiva y los condenados por quiebra fraudulenta, carecían del derecho a votar, cuenta aquí un triste retroceso en la lucha por los derechos políticos de la mujer, pero así mas adelante veremos como la mujer no conforme sigue la lucha con mayor fuerza.
Lo que más llamaba la atención al señor Undurraga era como en esa época existiendo mujeres letradas en distintos ámbitos, no tuvieran derecho a votar siendo que existían hombres intelectualmente inferiores que si gozaban de ese derecho, lo que entiende que la negación de este derecho a la mujer, no era solo por una razón de cultura o educación sino que mas bien, nos hace pensar que el derecho a voto se tenía por el solo hecho de ser varón. Nuevamente señala el señor Undurraga “Hay más de la mitad de nuestros ciudadanos que con aptitudes física y moral mayor que muchos a quienes hemos acordado por ley el derecho del sufragio, le hemos quitado por ley injusta, a mi juicio, el derecho claro y determinado de influir en el gobierno de la República, el más primordial de los derechos de un estado democrático, el derecho de ciudadano elector”, aquí cuando se refiere a que hay más de la mitad de nuestros ciudadanos, se refiere a las mujeres y nuevamente queda claro que se vulneró un derecho que por ley les correspondía a las damas, el cual les fue negado quizás por temor o por falsas y antiguas creencias de que ésta no solo era apta o que no tenía la preparación adecuada para tener el beneficio del derecho a sufragio. A pesar de toda la pasión y argumentación para que la mujer fuese partícipe en el mundo político, el primer proyecto de ley presentado a favor del voto femenino, no tuvo una acogida positiva.
Años más tarde una chilena perteneciente al sector acomodado, tradujo el libro del inglés Jhon Stuart Mills llamado “La esclavitud de la mujer” (The subjection of women), su nombre Martina Barros de Orrego, una de las primeras intelectuales chilenas quién recibió elogios por parte de quienes les interesaba el tema e indiferencias como ella misma señala: “Mis compañeras me miraban con frialdad y con esa reserva que nos impone todo ser que no comprendemos y las señoras con la desconfianza que se mira a una niña peligrosa” , lo que refleja que no sólo los hombres rechazaban la “emancipación de la mujer”, la mayoría de las mujeres pensaba de igual manera, de acuerdo a la mentalidad de la época.
El Movimiento Obrero Chileno fue haciendo nacer organizaciones de mujeres trabajadoras con el fin de obtener el reconocimiento de sus derechos civiles, políticos y laborales, la primera de estas organizaciones fue fundada en 1887 presidida por Marcela Cáceres de Gamboa; en 1888 se constituye en Santiago, Emancipación de la Mujer, institución que crea una escuela para niñas y en 1890, se denominó Protectora de la Mujer.
Con algunas excepciones en el siglo XIX, en 1913, aparecen en Chile los primeros movimientos femeninos organizados, clubes, asociaciones de mujeres que buscan mejorar la situación de la mujer y democratizar la sociedad, una de las principales razones que explican este “despertar”, sería la toma de conciencia por parte de un número creciente de mujeres, de las limitaciones impuestas a su educación por lo menos, entre los estratos medios.
Las primeras organizaciones de mujeres en Chile fueron los Centros Femeninos, se forman en 1913 en Iquique, Antofagasta y en las principales Oficinas Salitreras. En la zona se habían concentrado muchas familias obreras y comenzaba a desarrollarse el Sindicalismo Chileno con Luis Emilio Recabarren a la cabeza, fundador del Partido Obrero Socialista, quien siempre alentó a la emancipación femenina; pensaba que a la mujer era necesario “educarla, librarla del fanatismo religioso y de la opresión masculina ayudándolas con ello a tomar conciencia de sus problemas y de sus responsabilidades sociales”.
En su periódico “El Despertar de los Trabajadores”, dedicó páginas a las nuevas ideas de la liberación femenina y a las actividades de las sufragistas inglesas, quienes consiguieron en Inglaterra el voto para las mujeres mayores de treinta años en 1918 y en 1928, en total igualdad con los hombres.
Pero quizás no hubieran prosperado estos centros femeninos en el Norte sin el aliento de la española Belén Zárraga Fogosa, oradora feminista, anarquista, libre pensadora y anticleral quien visitó Chile en 1913 ofreciendo conferencias en Santiago, Valparaíso, Antofagasta e Iquique.
Belén de Zárraga señaló en una de sus charlas: “en un concilio del siglo VI, se sometió a discusión si la mujer tenía alma. Y solo por dos votos a favor quedó resuelta esta duda”.
La concentración de mano de obra en torno a los yacimientos salitreros hizo proliferar estos centros, ya que en ellos la mujer obrera padecía junto a su marido, de los mismos castigos sociales, lo que la llevó a compartir los principios de su cónyuge. Uno de los centros de Iquique defendió sus principios que son los siguientes:
“Artículo 1: Este centro se compone de mujeres que voluntariamente y solo por amor a la verdad, se comprometen a no tener en lo sucesivo ninguna relación ni directa ni indirecta con el clericalismo y sus instituciones.
Artículo 2: Todas las mujeres que componen este centro se comprometen a propagar estos bienhechores pensamientos por medio de visitas domiciliarias a sus amigas, invitándolas a conferencias, exhortándolas a leer, estudiar y buscar la verdad.
Artículo 3: Las madres de familia que ingresen al centro educarán a sus hijos dentro del más alto sentimiento de libertad y de verdad y ajenos a todo sentimiento clerical.
Artículo 4: Las jóvenes que ingresen a este centro cuidarán al formar su hogar, que el compañero que elijan sea un verdadero y firme libre pensador.
Artículo 5: Todos los que compongan este centro, a medida de sus fuerzas procurarán propagar el libre pensamiento y aumentar el número de afiliadas.
Artículo 6: Para el sostenimiento del centro y la propaganda de sus ideales, cada asociada pagará una cuota de $1 anual.
Artículo 7: El centro efectuará a lo menos una velada mensual para divulgar y popularizar sus ideales, igualmente tomará parte en toda clase de conferencias, comicios u otros actos instructivos.”
Estos principios llamaron fuertemente la atención de Recabarren, quien le pidió a Salvador Barra Woll que escribiera con seudónimos femeninos para motivar a la mujer a participar en el desarrollo de la sociedad.
En 1915 aparece el Círculo de Lectura organizado por Elvira Santa Cruz y Amanda Labarca (escritora, educadora y militante del Partido Radical) quien dirigió el periódico Del Círculo “La Acción femenina” que tenía por objeto el lograr la inquietud cultural de la mujer por incorporarse y conocer el mundo, fue un grupo integrado por mujeres de clase media, por lo que recibió críticas por parte de la iglesia y de los hombres, las cuales recayeron particularmente en Andrea Labarca por su ligación a ideas radicales. Al año siguiente, por iniciativa de Delia Matte de Izquierdo, surgió el Club de Señoras, el cual veía como mujeres de sectores medios eran mujeres profesionales que se incorporaban a la educación y a la cultura y que temían que las siguientes generaciones siguieran en total desconocimiento. Inés Echeverría, miembro de este Club, quien escribía en La Nación con el seudónimo de Iris “para nuestra sorpresa han aparecido unas mujeres perfectamente educadas, con títulos profesionales, mientras nosotras apenas sabemos los misterios del rosario.... entonces sentimos temor de que si la ignorancia de nuestra clase se mantiene dos generaciones más, nuestros nietos caerían al pueblo y viceversa”.
Luego en 1917, nace el Consejo General Femenino al alero de la Gran Federación Obrera de Chile, la cual surgió con el objeto de “lograr el mejoramiento cultural y de acción mancomunada de las trabajadoras” , la cual pasó luego a llamarse Gran Federación Femenina de Chile, esto en el ámbito obrero en 1920.
En 1919, del Círculo de Lectura ya antes mencionado se desprende el Consejo Nacional de Mujeres en el cual participan Amanda Labarca y Celinda Reyes, que en 1922 tras un debate feminista presentan un proyecto sobre derechos civiles, políticos y jurídicos e inician gestiones que culminarán en 1º925 con el Decreto ley conocido como Ley Maza (por el senador José Maza) que restringe en el Código Civil las atribuciones de la patria potestad de los padres a favor de la madre, se habilita a la mujer para ser testigo y se le autoriza la administración de los bienes que fueren fuente de su trabajo.
Hacia 1921 se fundaron en Iquique la “Federación Unión Obrera femenina” y el “Consejo Federal Femenino”, el primero de carácter anarco sindicalista y el segundo de carácter socialista. En 1922, el Consejo Nacional de Mujeres redacta un proyecto que trata fundamentalmente en la búsqueda de la igualdad de derechos civiles y políticos de la mujer, siendo uno de los principales el otorgamiento del voto político, el cual fue manifestado al Presidente Arturo Alessandri Palma, de quien cuentan con su apoyo y el de don Pedro Aguirre Cerda, quien lo sucederá en 1925.
Ese mismo año se crea el Partido Cívico Femenino (PCF), liderado por Ester La Rivera de Sanhueza y Graciela Mandujano de tendencias políticas y credos religiosos de clase media laica.
La finalidad de este partido fue definida como “procurar a sus asociadas y a TODAS LAS MUJERES EN GENERAL los medios de conocer sus derechos y deberes como entidades ciudadanas para ejercerlos en la vida social y pública a la marcha del progreso, educando las conciencias individuales para llegar a conseguir las reformas de las leyes y a que la mujer pueda tener la personalidad propia difundiendo en ellas la mayor cultura cívica, capacitándolas para hacer uso conciente de las prerrogativas que le aportarán sus legítimos derechos, teniendo como el principio el respeto a toda idea ajena en la independencia absoluta a toda agrupación política o religiosa, y como norma una acción enérgica y sostenida por el triunfo de los principios democráticos amplios” .
El Partido Cívico Femenino también funda la Revista “Acción Femenina”, en que durante 14 años piden por los derechos civiles y políticos para la mujer, la protección del niño y de la maternidad, específicamente votan por la obtención del voto municipal, piden por cierto un voto subordinado a la educación “primero educar y luego decidir”, es decir, trabajan por el voto municipal a modo de ensayo-aprendizaje.
El segundo partido femenino fue el Demócrata Femenino organizado en1924, su objetivo fue la lucha por la defensa de los derechos políticos de la mujer. Para ello redactaron un proyecto de ley que fue presentado a la Junta de Gobierno, en el que solicitaron una modificación para lograr el voto municipal
En 1923, en Santiago de Chile se lleva a cabo la Quinta Conferencia Panamericana de Mujeres, en la cual se acuerda recomendar el otorgamiento de los derechos políticos a la mujer. Manuel Rivas Vicuña y Máximo Soto Hall presentaron una moción, la cual fue aprobada por unanimidad, en la cual se recomendaba a los gobiernos americanos entregar educación moral, intelectual y física a la mujer y a revisar su legislación civil con el propósito de modificar aquellas disposiciones que no están acordes con el resto del continente, lo que hace que la mujer se vea ante una injustificada desigualdad de derechos por el solo hecho de ser mujer, es decir, por un motivo de género.
En 1933, la Cámara de Diputados aprobó la ley de elecciones municipales, en la cual se otorgó la facultad de sufragio a las mujeres.
Este acontecimiento originó la formación del Comité Ejecutivo Nacional de Mujeres, movimiento cívico que estuvo integrado por organizaciones sociales, sindicales y políticas. Este Comité consideraba que el aporte de la mujer en la municipalidad, era un primer paso en cuanto a su participación en la vida cívica y que de su desempeño dependería la posibilidad futura de que el gobierno otorgara a las mujeres la plena capacidad para intervenir en todo acto electoral que se llevara a cabo en el país.
Fue así como en junio de 1934, apareció publicado en la prensa un llamado a todas las mujeres, para integrarse a una nueva organización denominada Liga Acción Nacional de Mujeres de Chile, la que se definió como independiente de los partidos políticos y contraria a todos aquellos que promoviesen desórdenes, intranquilidad y lucha de clases dentro de la comunidad.
El objetivo de la Liga fue conseguir el voto y la influencia de las nuevas electoras, para apoyar “en las elecciones todo candidato mujer u hombre de cualquier partido político o apolítico que de garantías de respetar la paz de la sociedad”.
Trabajaron tenazmente para dar a conocer el texto de la ley electoral que facultaba a la mujer a sufragar. Para ello organizaron comités educativos en los que se trataron temas del derecho a voto municipal, la obtención del carné de identidad y la inscripción electoral. Esta Liga tuvo una favorable respuesta en Santiago.
Una vez dictada la ley Nº 5.357, en 1934, sobre Organización y Atribuciones de las Municipalidades en donde se concedió el voto a la mujer, las integrantes de Cruz Blanca decidieron organizarse con el fin de enseñar al nuevo electorado las facultades de que ahora gozaba la mujer.
Esto porquen percibieron la participación municipal como la prolongación de sus actividades de acción social y de administración del hogar, funciones que conocían ampliamente.
En el año 1935 se forma el Movimiento pro Emancipación de la Mujer Chilena MEMCH, la cual era un institución pluralista, el que llamo a todas las mujeres de distintas clases sociales a luchar por la emancipación de la mujer, económica, social y jurídica, se convirtió en una gran escuela del civismo, con el fin de obtener el voto político de las mujeres de la época, por considerarse un justo derecho de estas, para perseguir la igualdad entre hombres y mujeres.
Esta fue la primera participación electoral de la mujer chilena, la cual se llevó a cabo el 7 de abril de 1935, marcando un hecho importantísimo en la historia política nacional. En esta misma fecha se constituyeron nuevamente los municipios por elección popular, puesto que hacía 10 años que eran designados por el Poder Ejecutivo.
Estas elecciones se hicieron con registros electorales renovados en 1934, por cuanto los otros anteriores habían caducado. La característica fundamental de estas elecciones era que por primera vez votaban las mujeres y los extranjeros.
Cora Carreño, representante de las universitarias dice: «Queremos hacer sentir a los señores congresales que tras el movimiento hay un espíritu fuerte, una voluntad inquebrantable para conseguir, hoy, la plenitud de nuestro pensamiento y acción políticos...» La Cámara de Diputados demora dos años la discusión del proyecto, a pesar de que el Presidente González Videla urgía su despacho, tanto para cumplir con el compromiso adquirido con las mujeres durante su campaña, como el compromiso de la Nación con Naciones Unidas, en el sentido de no discriminar por diferencias sexuales.
El 15 de diciembre de 1948 la Cámara de Diputados despacha el proyecto para su último trámite en el Senado. Las mujeres asistentes, en tribunas y galerías, aplauden y entonan de pie la Canción Nacional.
El 21 de diciembre el Senado acoge el proyecto con todas las modificaciones hechas por la Cámara. Por fin el 8 de enero de 1949 el Presidente Gabriel González Videla estampó su firma en el texto que concedía la plenitud de derechos políticos a la mujer. Con este motivo se realizó una gala en el Teatro Municipal, con la participación del Presidente González Videla, de su esposa Rosa Markmann, ministros, parlamentarios, dirigentes de la FECHIF y gran cantidad de público.
Flor Heredia, Elena Caffarena y otras destacadas dirigentes son excluidas y culminaban así 50 años de luchas femeninas.
En 1950 la radical Inés Enríquez es elegida diputada por Concepción, convirtiéndose así en la primera parlamentaria chilena y dos años después, en 1952, las mujeres participan por primera vez en la historia de Chile en una elección presidencial.
Luego de este logro se habla de un silencio de la mujer pues muchas de las organizaciones que fueron creadas perdieron fuerza, pero este silencio de la mujer se radica esta vez en su derecho a votar, sin dudar de que dichas organizaciones perdían fuerzas al verse cumplidos en parte los objetivos que les dieron nacimiento.
Conclusión
Tras muchas batallas perdidas en los inicios de esta lucha, la mujer hoy ejerce su derecho a voto, el cual es también su derecho a voz, y que hoy somos nosotras las que tomamos las decisiones políticas del Chile del siglo XXI.
Junto a la lucha por los derechos ciudadanos de la mujer, se fue pavimentando el camino para su mayor participación en el mundo político del cual estaba excluida, mas que por razones de capacidad por el solo hecho de ser mujer, en la actualidad Chile ya cuenta con una mujer en la primera magistratura del país, lo cual se transforma en el punto culmine en la batalla seguida por mujeres valientes de hace dos siglos atrás.
Si bien la participación de la mujer partió desde mas abajo, la lucha continuó hasta poder ejercer su derecho de manera completa , sin restricción alguna, dado que su carácter igualitario al hombre se impuso por sobre el poder que ejercían los varones de la época, si bien toda esta historia es larga y ardua, no es menor recordarla por lo que significa, no solo en materia de derechos políticos, junto con esta cruzada se consiguieron reivindicaciones en materias civiles no menores, la mujer dejo ser vista como una cosa mas del cónyuge, para ser hoy una mujer sujeta a muy pocas restricciones por el hecho de poseer el estado civil de casada.
Las mujeres hoy podemos estudiar cosa que antaño estaba relegado solo al ámbito masculino e incluso en la actualidad la mujer se incorpora a áreas que estaban entregadas solo a los hombres, la mujer puede trabajar de manera remunerada sin que esta caiga bajo la administración del marido, postular a cargos públicos, hoy que tanto hablamos de la pariedad en el poder político chileno, es gracias a la lucha que siguieron mujeres en siglos pasados.
Chile un país considerado machista, en enero de este año tuvo el orgullo de elegir a la primera mujer presidente del país, demostrándose la confianza que tiene hoy el pueblo a las mujeres, su excelencia Michelle Bachelet quien ha propuesto un grupo de ministros de manera paritaria en los cuales hombres y mujeres tiene igual oportunidad de participar en las decisiones nacionales.
Se comenzó por un derecho a votar y hoy se acaba la lucha junto al poder postular , ya que desde que sonaba fuertemente en la política nacional, la designación de dos mujeres para el cargo de presidenta , hubo fuertes criticas, que hoy se ven desvanecidas por el buen desempeño en lo que lleva de gobierno Michelle Bachelet, sin duda una gran arma de lucha para todas las mujeres de Latinoamérica, ya que Chile con este hecho ha logrado de manera alguna la anhelada igualdad de géneros, que aún no esta del todo instaurada en la sociedad chilena.
Una pequeña muestra de las tareas realizadas por las mujeres de la época por exigir aquello que siempre les debió pertenecer, en que los diferentes movimientos que se formaron, todos iban tras lo mismo, mujeres y hombres son iguales ante la ley, este simple principio de igualdad fue difícil de comprender en la época, no es en vano recordar que en la historia antigua teníamos a mujeres al mando de grandes ciudades y no es menor que la historia destaque a Cleopatra como una gran estratega a nivel político, mas allá de su alicaído final, la mujer ha nacido en la sociedad actual con la bandera de la igualdad, igualdad que va cada vez mas va avanzada para derrocar los caprichos de la sociedad pasada.
Elena Caffarena: “ El derecho a voz, El derecho a voto”, Eltit, Diamela, p.2
Revista Zig – Zag, 9 de octubre de 1920, Alessandri Palma, Arturo.
Abdón Cifuentes, “Acerca del derecho Electoral de la Mujer”, citado por Luis Undurraga “Derecho de sufragio a las mujeres”, sesiones extraordinarias, Cámara de Diputados, tomo I 1917-1918, de 24 de Octubre de 1917, p.57.
“Derecho Electoral de la Mujer”, en El artesano, San Felipe, año IV, N° 190, 14 de noviembre de 1875.
Martina Barros de Orrego.” El voto femenino” en Revista Chilena. Stgo., tomo II, año 1, número 6, septiembre 1917, p 392.
Martina Barros de Orrego, op cit, p390.
El despertar de los trabajadores, del 19 de abril de 1913, op cit Luis Emilio Recabarren.
El despertar de los trabajadores del 19 de abril de 1913.
El Diario Ilustrado, Stgo. 3 de octubre de 1917.
Graciela de Cardenec, “Partido Cívico y el problema feminista” en Acción Femenina, año VI, N° 1, Sgto., septiembre, 1934, p.3
El Diario Ilustrado, Stgo., 17 de enero de 1925
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