Dándose cuenta solitos.

Por Samuel Jiménez M.

            Las Naciones Unidas en un informe reciente señala que de los casi 550 millones de habitantes que tiene América Latina, el 44% vive en condiciones de pobreza y el 19% en la indigencia.

            El Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos, informa de la existencia de más de 130 millones de personas que viven precariamente.

            El 75 por ciento de los cerca de 550 millones de personas que viven en la región reside en áreas urbanas.

            Por tanto, queda claro, que la menor parte de la población se encuentra en las zonas rurales.

            Los territorios, en dónde se encuentran los recursos que hacen posible la alimentación de nuestras poblaciones y las que demanda el resto del mundo, requieren de mayores niveles de organización y participación de la población rural, al mismo tiempo que se hace necesario proporcionar métodos de producción, comercialización, acopio y distribución que potencien sus resultados.

            La falta de una adecuada organización y la ausencia de cadenas inteligentes de comercialización, a las que se suma la sobre explotación de recursos naturales, como sucede en el sector pesquero; nos llevarán a considerar nuevos mapas de integración y complementación especialmente en nuestros países, para vencer las dificultades que plantea la actual circunstancia y lograr tomar de buena manera; las oportunidades que efectivamente tienen nuestros pueblos.

            Por ello, es necesario ver y diferenciar, los intereses de las grandes empresas transnacionales, su rol como propietarios o controladores de las riquezas y servicios vitales de nuestras naciones; como es por ejemplo el caso del agua potable, disponibilidad de energía, uso de telecomunicaciones, entre otras, que implican en cierto sentido una perdida de lo que entendemos por soberanía, como un factor que mueve a la concentración de la población en las zonas urbanas, para hacer de ellas consumidores dependientes y las posibilidades de recuperación de la identidad y de los recursos naturales  que dependen de campesinos y pescadores.

            Más temprano que tarde, serán los pueblos, los que tras asumir la realidad, asuman la necesidad de estos nuevos mapas de integración y complementación, adopten una actitud menos pasiva, como sucede en Bolivia y Ecuador, por ejemplo y avancen dándose cuenta solitos.

 

 
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