Dicen no entender

            Por Samuel Jiménez M

 

            Después de las elecciones en Chile, se vive el tiempo de las designaciones de las nuevas “autoridades” y se genera un clima especial, que permite dar luz a lo que no tiene cuerpo: los partidos políticos.

            Luego de más de 30 años de gobiernos militares y administraciones neoliberales civiles, como la Concertación, ocurre que el fenómeno de acumulación de riqueza y poder se refleja también en los “partidos políticos”, son organizaciones con muchos dirigentes y poca militancia.

            La derecha se ve y actúa en sus dos frentes, por medio de los “dirigentes de la Alianza” y de los “dirigentes de la Concertación”; la izquierda no se ve, sólo se siente como un proceso que persiste  y que es quebrado por alguno de sus “dirigentes”, especialmente en aquellos momentos de la realidad social, en los que logra sintonía efectiva con las grandes mayorías ciudadanas.

            Ya no es tiempo de pensar en una “mera casualidad”, han sido tantos los esfuerzos por construir la unidad del pueblo y tantos sus fracasos, que caben todas las preguntas y quedan espacios suficientes para todas las dudas.

            El poder se comparte, de mil maneras, Piñera diciendo que Bachelet es de “izquierda” o la “candidata socialista”, sabiendo que el sistema que se administra es neoliberal y que la gran dificultad es encontrar alguna diferencia entre los “grupos de dirigentes”. ¿Si son iguales, qué es ahora el socialismo?, ¿qué es ser de izquierda? ¿O son iguales, socialistas y de izquierda Bachelet, Lavín y Piñera? ¿O son los mismo Libertad y Desarrollo, Expansiva y Siglo XXI? Y claro, la única diferencia para confundir es la trayectoria y no la proyección.

            Buscar una salida propia, con un programa que mueva las demandas de la sociedad, se ve como algo que se puede plantear, pero no hacer.

            Los “partidos” sin militancias activas, las organizaciones intermedias como federaciones o centrales paralizadas y con mínima representación, dejan a la “gente” sin poder ejercer su rol de protagonistas de la historia.

            Sometidos a la manipulación emocional, en vez de votar nulo o votar en contra de la Concertación, se movieron los palillos para permitir que la derecha de siempre ganaran dos veces: teniendo los gobiernos que quiere y quebrando la unidad del pueblo. En vez de darle valor a sus propios análisis y conclusiones, se volvieron a creer el cuento de “no hacerle el juego a la derecha”.

            Cercanos al poder, al acceso a modestos puestos dentro del sistema o a quiméricas esperanzas, prefieren pasar la falta de discusión, compromiso y análisis de una manera simple: dicen no entender.

 
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