EDUCACIÓN PARA LA  DEMOCRACIA

            Por Claudio Lam Aguilera
            Estudiante de 5to año de Derecho
            Universidad La República


                        Hoy es necesario repensar la forma en que está estructurado nuestro sistema educacional ya que, sin duda, el actual  está diseñado para dar instrucción y no educación, donde soslayadamente se encuentra implícito un autoritarismo acérrimo, que se escuda tras la tan manociada libertad de enseñanza, bajo cuyo amparo han proliferado las diversas instituciones de instrucción educacional, las mas de las veces, de dudosa calidad y que profitan, sin embargo, de los fondos que destina el Estado para financiar este tipo de establecimientos de enseñanza.

            Es necesario hoy hacerse cargo de la necesidad y obligación de construir un sistema educacional acorde a los tiempos que se viven, que de cabida a todos los sectores de la sociedad a una educación de calidad que garantice la igualdad de condiciones para acceder al mundo laboral.

            La esencia de la democracia es la igualdad y podríamos definir la democracia como el conjunto de condiciones y relaciones sociales que hacen posible la igualdad, y dentro de este contexto la  EDUCACIÓN  PÚBLICA es uno sino el único medio para que las clases más desposeídas puedan acceder y ascender dentro de nuestra sociedad.

            En nuestros días para nadie es un misterio que la democracia social y la democracia política son insatisfactorias mientras subsista la desigualdad económica, y por tanto a lo que se puede aspirar en este sistema es a la igualdad de condiciones y de oportunidades  tanto sanitarias como educacionales y luchar  por la justicia social, es decir luchar por acortar la brecha entre los más ricos y los más pobres y terminar con los privilegios de este sistema neoliberal oligárquico que se opone a cualquier posibilidad de movilidad social y que tiene como piedra angular el actual sistema de Educación que permite que exista educación de primera y segunda clase, una para los más pobres de nuestro país, y que los mantiene en dicha condición, la actual Educación Pública, y otra Privada con estándares de calidad infinitamente mejores pero con altos costos y, por consiguiente, exclusiva para los sectores más pudientes de nuestra sociedad.

            Ya lo decíamos, la igualdad es la esencia de la democracia, lo que no significa desconocer las diferencias individuales, significa resaltar todo aquello que los seres humanos tenemos en común, todo aquello que hace a un hombre tan valioso como a otro. Significa acentuar la dignidad del hombre, hacer posible el pleno ejercicio de su libertad, por consiguiente hacer que cada individuo sea libre de elegir su modo de actuar, y de contribuir a los fines de la acción del grupo y de la sociedad a que pertenece. La igualdad es, por lo tanto, condición indispensable para la expresión de la personalidad y de las diferencias individuales.

            Entendida la democracia en el sentido ya descrito se opone inconciliablemente a toda forma de tiranía y dictadura, ya que en la dictadura, cualesquiera que sean las ficciones legales que se aparente respetar, cualquiera que sea la excelsitud de los fines que se pretende conseguir, en el hecho, un grupo reducido y cerrado se erige en arbitro de los fines y medios de acción social y toma decisiones en lugar de los miembros del grupo aduciendo que sabe mejor que ellos lo que les conviene, sin otra norma que la arbitrariedad de unas pocas personas.

            Así mismo la democracia se opone a toda forma de aristocracia, en la cual una clase privilegiada proporciona tradicionalmente las personas encargadas de tomar decisiones en nombre del grupo o de la sociedad.

            También se opone a la plutocracia o a cualquier otra forma de oligarquía, en las cuales un grupo de personas caracterizadas por ciertas funciones específicas dentro de la sociedad, asume, de hecho, las decisiones que conciernen a todos los miembros del grupo.
           Así se opone de igual forma, la democracia a la demagogia con la cual se le suele confundir, que arranca decisiones emocionales a las masas sin discusión ni críticas adecuadas.

            Así entendida la democracia, supone la participación directa en la formulación de los fines de la acción del grupo, o indirecta por medio de representantes libremente elegidos, sometidos a control y crítica y esencialmente revocables.

            La democracia supone la aceptación de las decisiones de la mayoría, y el respeto de la opinión discrepante de las minorías esto es, la respetuosa tolerancia de toda oposición que se ajuste a las normas y respete las reglas del juego de la democracia. Implica así mismo, la crítica y la vigilancia constante, y la capacitación efectiva de todos los miembros del grupo mediante una educación democrática adecuada, para ejercer dicha crítica y dicha vigilancia en forma constructiva, con eficacia y valentía.

            La democracia es la condición social más favorable para la expresión de la personalidad y de las diferencias individuales. De otra parte toda sociedad está compuesta por un sinnúmero de grupos sociales o instituciones que engendran opiniones y actitudes distintas en los individuos  que a ellas pertenecen, y cada uno de estos actores sociales, en el curso de su vida, pertenece a muchos de esos diversos grupos que contribuyen a moldear su personalidad.   Es decir que la sociedad es plural por naturaleza y que por tanto toda visión totalitaria del Estado tiende a ignorar este hecho sociológico fundamental que no ignora la democracia.

            Las consecuencias de este error se revelan especialmente en el tipo de control social  que caracteriza a las sociedades totalitarias o autoritarias. Se entiende por control social el conjunto de procedimientos por los cuales el grupo obtiene de los sub-grupos o individuos  que los componen las formas de conducta que se espera de ellos. Estos procedimientos pueden ser persuasivos o coercitivos.

            Hoy estamos frente a una paradoja, por un lado Chile a recuperado la democracia, sin embargo aún subsisten las estructuras autoritarias heredadas de la dictadura y  hoy quienes participaron activamente apoyando dicho régimen se oponen tenazmente a cualquier intento de modificación del actual sistema, es así como se oponen a la derogación de la L.O.C.E.(ley orgánica constitucional de enseñanza) texto legal funesto que fue dictado, como a dicho el profesor Jorge Mario Quinzio, “ en los estertores de la dictadura entre gallos y media noche”  veinticuatro horas antes del traspaso del mando al presidente electo democráticamente, institucionalizando de esta forma un sistema de enseñanza autoritario, caracterizado por ser un sistema de instrucción discriminador y no igualitario propiciando de esta forma el estancamiento social y por consiguiente haciendo renunciar al Estado a una de las funciones que desde siempre fue considerada como fundamental, cual es, el educar adecuadamente a los individuos, en un contexto pluralista y tolerante procurando de esta forma la movilidad social y la reducción  de la brecha entre los sectores más ricos y pobres de nuestra patria.

            Ya es hora que la sociedad chilena se haga cargo de esta gran deuda social y le devuelva al Estado la responsabilidad de dirigir y participar activamente  en su rol de “Estado Docente”  y comenzar a creer en las generaciones más jóvenes, donde está el mayor capital de nuestra nación, es en ellos donde el Estado debe invertir, sólo así podremos aspirar a tener una sociedad mas libre, justa y tolerante.

 

 
                                                                                                                                                                                   Volver