¿Quién lleva la batuta? Por Samuel Vicente Jiménez La movilización de estudiantes secundarios, deja a demás de sus aspiraciones o demandas, preguntas que esperan una respuesta. La sociedad de nuestros países, ha iniciado un proceso, que aunque lo nieguen, deja a las autoridades y al denominado “mundo culto” con un serio problema, saber lo que hay que decir, pero sin disponer del valor necesario para hacerlo. Es grave, serio, es fruto de una arquitectura que se basa en hacer de todo aquello que evidentemente es contrario a los sentidos de bien, un algo positivo, pese a que en rigor no existe. ¿Chile tiene oposición? Podría ser alguna de las preguntas difíciles de responder, especialmente si ella tiene algún nivel de exigencia. Ciertamente no hay más que una “oposición oficial” que cumple en lo sustantivo roles funcionales al modelo y a sus administradores. Lo otro es un movimiento social que desde el margen y la exclusión se moviliza. Si los mineros preguntaran por la propiedad de la minería, el destino de esos recursos y el uso de sus utilidades. Si los pescadores, se movilizaran preguntando por quienes son los que explotan los recursos de la flora y fauna marina y que se hace con las ganancias y que efecto tiene su uso intensivo para las generaciones que vienen. La movilización de los estudiantes, nos lleva a recobrar la capacidad de preguntar y a la autoridad la deja en el trance de reprimir o de empezar a generar respuestas, dejando el pudor a un lado y asumiendo que peor que cometer un error ha sido siempre el perseverar en ello. Quienes son los sostenedores, que hacen y que cobran, quienes son los industriales de la educación superior, media, básica. Quienes asumieron que era posible educar por educar sin relacionar con la empleabilidad y las necesidades de desarrollo. Mientras más débil es el eslabón que hace la pregunta, mayor es la tensión de la cadena y la posibilidad de que se rompa, especialmente cuando el poder se encuentra en manos de minorías bien estructuradas para acumular de poder económico y político, pero que además padecen un narcisismo intelectual que los muestra desnudos de todo pudor. Podrán quebrar nuevamente el movimiento estudiantil, como antes lo hicieron con los empresarios del transporte, con los pescadores, con los trabajadores mineros, con los campesinos, con la previsión y la seguridad social. Pero sin violencia, sólo con inteligencia y con preguntas, el modelo se confunde, se enreda, se calla y la pregunta que sigue recorriendo la geografía de nuestros países y de nuestras poblaciones es simple y directa: ¿Quién lleva la batuta? |
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