¿Democracia en Chile? Por Daniela Rojas Ovalle
Todo esto deja las puertas abiertas para plantearnos ciertas cosas, como si efectivamente contamos con la democracia de la que tanto se habla. Analicemos un poco: Democracia está definida como doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno. Bueno, dentro de las acomodaciones que cada país hace, la democracia ha llegado a dividirse en directa y representativa, siendo esta última –la menos democrática, valga la redundancia- la que nos rige. Aún así, la esencia es la misma y, por lo tanto, Chile, tras 17 años no ha logrado lo que promete ser, una República Democrática. Se puede apreciar a diario, ¿ha notado acaso que NO contamos con libertad de expresión? Fíjese en la prensa y verá que las posturas alternativas y críticas no tienen cabida, que las veces que medios de este tipo logran salir a flote, tienen sus días contados, todo por no lograr el financiamiento necesario. El Sistema Binominal es una vergüenza, un absurdo, y cuando por fin se logra el cuestionamiento adecuado sobre su eficacia, surgen las negativas de uno u otro lado. Y respecto al plebiscito… ¿cómo es posible que una democracia no cuente con él? Resulta engorroso que en Chile un ciudadano, a los 40 años de edad, haya votado sólo en 15 oportunidades y para elegir a sus representantes; versus ciudadanos europeos como los suizos que, a la misma edad, lo han hecho unas 1000 veces, pues participan de las grandes decisiones de su país. Y es una manera muy lógica de obrar, pues esas grandes decisiones, como aprobación de proyectos de ley o de acuerdos internacionales, afectan directamente al ciudadano común y corriente. Además, no olvidemos que nuestro país continúa rigéndose bajo una constitución creada en dictadura. Cada vez que me pregunto sobre el temor a la implementación de recursos que corresponden a una verdadera democracia, la respuesta se hace más evidente: pérdida de poder. Existe una élite tan acostumbrada al control de todo que, frente a la posibilidad de entregar -perder para ellos- un poco de él, se valen de todo tipo de maniobras para retenerlo. ¿La solución? Es difícil, pero, como todo, no imposible: una mayor preocupación nuestra por los acontecimientos, mayor participación ciudadana -término tan de moda por estos días- y una responsable postura crítica frente a las cosas que nos afectan directa o indirectamente.
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