Ene tene tú…
Elección del miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU
Por Daniela Rojas Ovalle
¿Por quién votará Michelle Bachelet?, ¿a quién dará su apoyo Chile? Durante meses fueron éstas las interrogantes que dieron vueltas en las cabezas de muchos. Desde un principio nos informaron del hermetismo con que La Moneda trataría el tema de las candidaturas a miembros no permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU. Parecía una buena estrategia cuando veíamos a la Presidenta reuniéndose con una amigable Condoleezza Rice durante la Asamblea General de la ONU, presentándole las variadas ventajas de optar por Guatemala, mientras que Chávez no reparaba en elogios al gobierno de nuestro país. Incluso no tardó en remover al embajador de Venezuela en Chile, Víctor Delgado, luego que éste criticara a la DC por haber apoyado el Golpe de Estado de 1973. Chile se dio el lujo de mantener el silencio, llegando a transformarse en una especie de referente de hacia dónde apuntaría la región. Pero Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, Bolivia, Cuba y los estados caribeños no tardaron en expresar su apoyo a Venezuela; a la vez que América Central, Canadá, Colombia, Ecuador, Estados Unidos y México lo hacían por Guatemala. Sólo Perú manifestó que se abstendría. La atención se volcó rápidamente a Chile, todos estaban pendientes de cuál sería nuestra posición.
Se veía en ambas candidaturas posturas totalmente contrarias. Por una lado, Venezuela y el radicalismo de Chávez, con su lucha contra el “imperialismo yanqui” y la crítica constante al mandatario norteamericano. El presidente declaró que, desde el Consejo, Venezuela “se opondrá radicalmente a las pretensiones de Estados Unidos de acabar con el mundo, de invadir pueblos, de bombardear ciudades y desconocer la soberanía de las naciones". Por otro, y en un más bajo perfil, estaba Guatemala, un país que vivió una guerra civil de 36 años –hasta 1996-, y que tras un período de transición se presentaba como la carta de consenso del gobierno estadounidense. Su canciller, Gert Rosenthal, comenta a favor de la candidatura de su país que “nunca hemos sido miembros del Consejo, y Venezuela lo fue en cuatro oportunidades, tenemos un prestigio bien ganado de seriedad, ponderación, profesionalismo y dignidad, y hemos asimilado nuestras vivencias como una sociedad posconflicto y tenemos algo positivo que aportar”.
El panorama se vio totalmente complejo para Chile una vez que el canciller, Alejandro Foxley, se pusiera la soga al cuello declarando abiertamente su rechazo al apoyo a Venezuela. A estos comentarios se le sumaron los de su bancada, que en nada lo favorecieron, asegurando que existiría un “antes y después” si la Presidenta decidía dar su voto a Chávez en la ONU. En momentos en que Chile, la “gran promesa de la región”, trata de plantearse como un país independiente y líder, todos estos malentendidos dejan mucho que desear sobre nuestra política exterior e interna. No hay problemas en que un ministro y la mandataria tengan discrepancias, pero hacerlas públicas es el peor error que se pueda cometer. Dejar evidencias de la fuerte división en asuntos como la política externa de un país no hace más que poner en duda nuestra credibilidad.
Ciertamente el voto de nuestro país no tiene ninguna incidencia en el resultado total, pero es una representación de muchas cosas. Así como Lagos se opuso a George W. Bush cuando éste decidió declarar la guerra a Irak -a pesar de poner en riego el TLC que se negociaba en esos momentos-, Bachelet debía tener una opinión clara. La abstención, la neutralidad, no ayuda al país cuando éste se encuentra trabajando por una mayor inserción y generación de lazos en la región. Como explicara Emilio Cheyre en una entrevista al diario La Tercera: “si desde el punto de vista de Chile no nos convencían las candidaturas de Venezuela y Guatemala, lo que correspondía era haber tomado una acción más decidida en la búsqueda de un tercer candidato”.
Los que “nunca quedan mal con nadie” finalmente son siempre mirados en menos.
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